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¿Qué es el factoring y cómo funciona?

El factoring es una herramienta financiera cada vez más utilizada por empresas que necesitan liquidez inmediata para cubrir gastos, pagar a proveedores y mantener un flujo de caja saludable. En lugar de esperar a que sus clientes abonen las facturas en los plazos establecidos, las compañías pueden recurrir al factoring para conseguir un adelanto del dinero que tienen pendiente de cobro. Con esto, se evitan tensiones financieras, se reduce el riesgo de impago y se accede a un capital de trabajo de forma más rápida.

A lo largo de este artículo, descubrirás qué es el factoring con mayor profundidad, cómo funciona paso a paso, los tipos de contratos más habituales —incluyendo el factoring con recurso y sin recurso—, así como las ventajas y desventajas más destacables. Además, te presentaremos cómo está regulado el factoring en España y en qué sectores es más común encontrarlo. Si necesitas una opción para mejorar tu flujo de caja, el factoring podría ser la solución idónea.

Definición y funcionamiento del factoring

El factoring se ha convertido en una de las soluciones de financiación más versátiles para empresas que necesitan mejorar su flujo de caja sin recurrir a préstamos tradicionales. A lo largo del tiempo, este servicio ha evolucionado, adaptándose a distintos tamaños de negocio y a diferentes sectores. Además de brindar liquidez inmediata, permite externalizar la gestión de cobros, lo que puede suponer un gran alivio para pymes y autónomos con recursos limitados en el área administrativa.

¿Qué es el factoring?

Para comprender qué es el factoring, imagina que tu empresa ha emitido varias facturas a tus clientes con plazos de pago a 30, 60 o incluso 90 días. Durante ese tiempo, necesitas capital para seguir operando, pagando nóminas o invirtiendo en producción. Ahí es donde entra el factoring.

Básicamente, el factoring consiste en la cesión de las facturas pendientes de cobro a una entidad financiera o a una empresa de factoring (conocida como factor). Esta entidad adelanta un porcentaje del importe de las facturas (por ejemplo, el 80% o 90%) a la empresa que las emite, logrando así liquidez inmediata. Posteriormente, cuando el cliente (deudor) paga la factura, el factor liquida el resto del importe menos las comisiones o intereses pactados.

El factoring se ha convertido en un mecanismo de financiación muy popular, sobre todo para pymes y autónomos que necesitan capital circulante sin recurrir a préstamos tradicionales. Además de la financiación, el factor suele encargarse de la gestión de cobro, lo que ahorra tiempo y recursos a la empresa cedente.

Cómo funciona el factoring paso a paso

Para ilustrar cómo funciona el factoring de forma concreta, veamos un proceso típico:

  • Emisión y venta de facturas: Tu empresa emite facturas por la venta de bienes o servicios. Luego, se las cedes a la entidad de factoring.

  • Adelanto del importe: El factor estudia la solvencia de tus clientes y el riesgo de impago. Si lo considera aceptable, te adelanta un porcentaje (por ejemplo, el 80%) del valor de las facturas.

  • Gestión de cobro al deudor: A partir de ese momento, el factor se encarga de cobrar directamente al cliente. Esto implica que tu empresa se desentiende, en gran medida, de los trámites de cobro.

  • Liquidación final: Cuando el cliente abona el importe al factor, este deduce sus comisiones y te entrega el resto del dinero pendiente.

Ejemplo práctico:

Imagina que tu empresa “ABC Textil” vende productos a una gran superficie comercial. Le ha emitido facturas por valor de 20.000 euros, con plazo de pago a 90 días. Ante la necesidad de cubrir gastos urgentes, “ABC Textil” decide ceder esas facturas al factor, obteniendo un adelanto de 16.000 euros (el 80%). Pasados los 90 días, cuando la gran superficie paga la factura, el factor descuenta su comisión (por ejemplo, un 2%) y entrega el saldo restante a “ABC Textil”. De este modo, la empresa accede a liquidez sin esperar al plazo establecido y sin tener que solicitar un préstamo bancario.

Tipos de factoring y sus características

En el mercado existen diversas modalidades de factoring, cada una pensada para satisfacer diferentes necesidades y niveles de riesgo. A continuación, te presentamos los tipos principales y sus implicaciones.

Factoring con recurso y sin recurso

Al hablar de factoring con recurso y sin recurso, nos referimos a quién asume el riesgo de impago:

Factoring con recurso:

  • Aquí, la empresa que cede las facturas mantiene el riesgo de impago en caso de que el cliente final no cumpla.

  • El factor se limita a adelantar el dinero y a gestionar el cobro, pero, si el deudor no paga, puede reclamar el importe a la empresa cedente.

  • Generalmente, las comisiones son más bajas, precisamente porque el factor asume menos riesgo.

Factoring sin recurso:

  • En esta modalidad, el factor asume el riesgo de impago.

  • Si el cliente final no paga, es la entidad de factoring la que afronta las pérdidas.

  • Debido a esto, las comisiones suelen ser más altas y la empresa de factoring examina minuciosamente la solvencia de los clientes de la empresa cedente.

Ejemplo:

Con recurso: Una empresa cede una factura de 5.000 euros, pero si el cliente no paga, la empresa de factoring puede exigirle a la cedente la devolución del adelanto.

Sin recurso: La misma factura de 5.000 euros se cede; sin embargo, si el deudor no paga, el factor asume esa pérdida y no la reclama a la empresa cedente.

Factoring nacional e internacional

El factoring también puede clasificarse según el ámbito geográfico:

  • Factoring nacional: Se aplica a operaciones dentro de un mismo país. Suele ser el caso más frecuente para pymes y autónomos cuyo mercado se concentra en una región específica.

  • Factoring internacional: Abarca facturas emitidas a clientes en el extranjero. Aquí intervienen factores adicionales como el tipo de cambio, regulaciones internacionales y mayores análisis de riesgo. Es una solución muy útil si exportas y necesitas tener garantizado el cobro de tus ventas en mercados foráneos.

Otros tipos de factoring

Además de los anteriores, existen modalidades más específicas:

  • Factoring notificado y no notificado: Se considera “notificado” cuando el cliente (deudor) está informado de que su factura se ha cedido a un tercero para el cobro. En cambio “no notificado” el deudor sigue pagando directamente a la empresa, y esta transfiere el dinero al factor.

  • Factoring de agencia: Permite que la empresa cedente siga gestionando el cobro de las facturas, aunque haya cedido el derecho de cobro.

  • Factoring de exportación e importación: Diseñado para operaciones comerciales internacionales, contempla seguros de crédito y mecanismos de protección más complejos.

Ventajas del factoring para las empresas

Cuando hablamos de las ventajas del factoring, solemos pensar de inmediato en la obtención de liquidez rápida para atender gastos inmediatos. Sin embargo, las bondades de este método de financiación van más allá. Además de convertir facturas en efectivo sin endeudarse, el factoring ofrece la posibilidad de protegerse ante impagos, agilizar la gestión de cobros y, en ciertas modalidades, incluso reducir la incertidumbre sobre la solvencia de tus clientes.

Mejora de la liquidez sin endeudamiento

Una de las mayores ventajas del factoring es que te permite obtener efectivo al instante sin tener que recurrir a créditos bancarios o incrementar tus pasivos financieros. Con el factoring, la propia factura actúa como garantía para recibir el adelanto. Esto puede resultar especialmente atractivo para pequeñas y medianas empresas con dificultades para negociar préstamos en condiciones favorables.

Reducción del riesgo de impago

En el factoring sin recurso, la entidad financiera asume el riesgo de que el cliente final no pague. Esto ofrece una gran tranquilidad, ya que la empresa cedente no tendrá que asumir pérdidas si el deudor se declara insolvente o retrasa excesivamente el pago. Este factor de seguridad puede ser crucial en sectores con alta morosidad o cuando se trabaja con clientes cuyo riesgo es difícil de estimar.

Externalización de la gestión de cobros

Otro punto fuerte del factoring es que la empresa de factoring se encarga de la gestión de cobro. Al externalizar estas funciones, tu negocio puede centrar sus esfuerzos en las áreas clave de producción, marketing o ventas, dejando en manos de expertos el cobro y el seguimiento de pagos.

Desventajas y costes del factoring

Pese a que el factoring constituye una excelente alternativa en muchos escenarios, antes de firmar un contrato de factoring para tu empresa, resulta esencial tener en cuenta sus posibles inconvenientes y costes asociados.

Costes y comisiones

Los costes del factoring se basan en dos elementos principales:

1. Comisión de factoring: Un porcentaje sobre el importe total de las facturas cedidas, que cubre la gestión y los servicios asociados (investigación de solvencia, seguimiento de cobros, etc.).

2. Intereses: Cuando se te adelanta el importe de las facturas, el factor puede aplicar un tipo de interés por el tiempo que transcurre hasta que tu cliente paga la deuda.

Según la entidad de factoring y la modalidad elegida (con o sin recurso), el coste total puede variar. Es importante evaluar si las comisiones compensan el beneficio de obtener liquidez inmediata.

Dependencia del proveedor financiero

Cuando una empresa recurre de forma recurrente al factoring, puede verse inmersa en una cierta dependencia de la entidad financiera que actúa como factor. Esto puede limitar la capacidad de negociación, ya que la empresa podría aceptar términos menos favorables para seguir accediendo a liquidez. Es crucial mantener un balance financiero que reduzca esta dependencia.

Percepción de los clientes

En algunos sectores, el uso del factoring puede generar cierta percepción negativa entre los clientes, quienes podrían considerar que la empresa atraviesa problemas de tesorería. Aunque cada vez está más normalizado, conviene valorar si este factor puede afectar la relación comercial con determinados clientes.

Factoring en España: situación actual y regulación

En los últimos años, el factoring en España ha experimentado un crecimiento significativo. A medida que las empresas buscan soluciones de financiación flexibles, se han ampliado las ofertas de entidades bancarias y de factoring independientes.

Regulación y normativa en España

En España, el factoring se enmarca bajo la normativa de contratación mercantil y de cesión de créditos, recogida en el Código de Comercio. Además, las entidades financieras que ofrecen servicios de factoring están supervisadas por el Banco de España. Aunque no existe una ley específica que regule únicamente el factoring, su ejercicio se sujeta a diversas disposiciones sobre transparencia, protección de datos y prevención de blanqueo de capitales, al igual que otras actividades financieras.

Sectores que más utilizan factoring en España

Entre los sectores que más recurren al factoring en nuestro país destacan:

  • Distribución y comercio: Negocios que trabajan con grandes volúmenes de facturas y plazos de cobro dilatados.

  • Construcción e infraestructuras: Proyectos de larga duración y pagos escalonados que pueden comprometer el flujo de caja.

  • Industria manufacturera: Necesita comprar materias primas con frecuencia y atender nóminas estables.

  • Servicios profesionales: Empresas de consultoría, marketing o desarrollo tecnológico que emiten facturas con plazos amplios de cobro.

Según datos recientes, el factoring ha crecido notablemente en la última década, impulsado por la necesidad de financiación flexible de las pymes y el endurecimiento de condiciones crediticias en determinados períodos económicos.

Conclusión

El factoring representa una alternativa eficaz para aquellas empresas que necesitan liquidez inmediata y buscan evitar los largos plazos de cobro de sus facturas. Sin embargo, como toda herramienta financiera, implica ciertos costes —comisiones e intereses— que pueden influir en la rentabilidad si no se gestionan adecuadamente. Por eso, antes de optar por esta opción, es fundamental analizar con objetividad la situación financiera de tu empresa, el perfil de tus clientes y si realmente compensa externalizar la gestión de cobros.

Si tu objetivo es mejorar el flujo de caja sin recurrir a financiación bancaria tradicional, el factoring puede ser una solución útil. Evalúa las distintas modalidades disponibles —nacional, internacional, con o sin recurso—, estudia sus ventajas e inconvenientes, y negocia con la entidad de factoring las condiciones que mejor se adapten a tu negocio.

En resumen, el factoring se entiende como un mecanismo de financiación basado en la cesión de facturas, que bien aplicado puede convertirse en una fuente inmediata de liquidez. No obstante, no se trata de una solución universal: requiere planificación, análisis y una estrategia clara para que realmente aporte valor a la gestión financiera de tu empresa.

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